En los últimos meses he oído hablar tanto de Dinamarca que al final he tenido que personarme allí… Bueno, en realidad he viajado a Copenhague por otros motivos, pero me he llevado una grata sorpresa al descubrir que esa capitalidad verde que comparte con Vitoria-Gasteiz es del todo merecida.

Desde el avión y escasos minutos antes de aterrizar en el aeropuerto de Copenhague-Kastrup, ya impresiona la barrera de aerogeneradores instalada a escasos kilómetros de la costa danesa.

Foto tomada de la página web de la Middelgrunden Wind Turbine Cooperative

Esa imagen de decenas de molinos de viento enclavados en el mar no hace sino constatar que Dinamarca es una potencia eólica a nivel mundial, pionera en la producción de energía renovable procedente del viento, una experiencia puesta en marcha hace ya décadas. No en vano, este país genera el 20% de su energía de la mano de molinos de viento. Y este porcentaje se verá incrementado en los próximos años. Tanto es así que los daneses se han propuesto como objetivo alcanzar el horizonte de producción del 75% de cara a 2015 y la independencia total del petróleo, el carbón y el gas en 2050, 25 años más tarde.

Las energías limpias no sólo son una apuesta de futuro por la sostenibilidad, son una apuesta por el desarrollo y crecimiento tecnológico e industrial del país. Un ejemplo es que el pasado 12 de mayo, Corea se comprometió en una Alianza para el Crecimiento Verde con Dinamarca.

Pero no sólo impresiona esta gran apuesta por las energías renovables y en especial por los parques eólicos, en Dinamarca llaman la atención la producción de alimentos orgánicos (fruto de una intensa cooperación entre tres sectores: las autoridades gubernamentales, los agricultores y el comercio minorista), la construcción de viviendas bioclimáticas, el incipiente desarrollo de un turismo ‘verde’ (gracias infraestructuras hoteleras sostenibles y un tipo de ocio respetuoso con el medio ambiente) y el uso ejemplar y emblemático de las bicicletas como medio de transporte habitual.

Y es que, el 50% de la población danesa utiliza de forma exclusiva la bicicleta como medio de transporte urbano. Acuden a sus puestos de trabajo dando pedales, llevan a sus hijos al colegio y hacen la compra, todo en bicicleta. Y si es cierto que la circulación es cómoda ante la ausencia de cuestas, también lo es que llueve con intensidad cualquier época del año y que nieva notablemente en invierno, por no hablar de las bajas temperaturas, así que lo suyo es toda una proeza. Quizás ayude el precio de la gasolina (desorbitado) y que tener un coche en propiedad es todo un lujo debido al coste de los seguros y de las plazas de aparcamiento, vamos, que tener coche en Dinamarca es para unos pocos; sin embargo, la normalidad con la que los daneses afrontan su vida diaria ‘pegados’ a una bici es asombrosa y gratificante. De hecho, los políticos se mueven en este medio de transporte, que utilizan también para asistir a sus sesiones parlamentarias.

Podría llenarse un álbum de fotos con imágenes de bicicletas danesas (como también podría llenarse otro de bicis holandesas) a cual más peculiar, mejor preparada o más equipada. Con casi medio millón de habitantes, Copenhague es la primera ciudad del mundo que ostenta el título de ‘Bike City’, concedido por la International Cycling Union.

Otra de las experiencias puesta en práctica por los daneses para reducir la emisión de CO2 a la atmósfera es la denominada ‘calefacción urbana’, que consiste en la distribución de energía térmica a través de una red urbana, incrementando así el protagonismo de las centrales de cogeneración de calor y electricidad, esos edificio con grandes chimeneas que podemos ver en los alrededores de la ciudad y que dependen de tecnología de baja emisión de carbono.

Dinamarca ha fijado el año 2030 como fecha para alcanzar la neutralidad en carbono en el sector de la calefacción, para ello, entre otras medidas, deberá lograrse que el 70% de las nuevas edificaciones estén conectadas al sistema de calefacción urbana o a redes de calefacción centrales. Además, y según un estudio de la entidad pública competente en esta materia, la ‘Danish District Heating Association’, la producción de calefacción urbana tiene que complementarse con el almacenamiento de calor, con más fuentes de energías renovables, con centrales de cogeneración, calefacción solar, calderas de biomasa y energías geotérmicas y eólicas.

Para obtener más información:

Danish District Heating Association
Varmeplan Danmark (resumen del informe del plan danés de calefacción, sólo en danés)